Redacccionando Nacional. Mientras las torres y los nuevos proyectos residenciales cambian cada vez más el paisaje urbano de República Dominicana, también crece una pregunta que no se responde desde la altura de los edificios, sino desde el terreno sobre el que se levantan: ¿cómo responderían esas estructuras ante un terremoto?
La inquietud cobra especial relevancia en un país con una actividad sísmica que obliga a mirar más allá del diseño visible de una edificación. El geólogo Osiris de León, en declaraciones recientes, ha advertido sobre la importancia de revisar las condiciones de los terrenos donde se construyen edificaciones en altura, particularmente cuando se trata de suelos blandos, debido a la forma en que estos pueden responder y amplificar las ondas producidas por un movimiento telúrico.
La evaluación de esa respuesta sísmica local debe hacerse sobre el terreno específico donde se proyecta construir y antes del diseño estructural de la edificación. Para ello se toman en cuenta características físicas del suelo, sus frecuencias de oscilación y la posibilidad de que las ondas sísmicas se amplifiquen al atravesarlo. En otras palabras, no basta con saber cuántos niveles tendrá una torre; también importa sobre qué suelo se levantarán esos niveles.
El tema adquiere mayor peso en momentos en que la construcción mantiene un crecimiento sostenido. De acuerdo con los datos disponibles, durante el primer semestre de 2026 los apartamentos representaron el 57.6 % de los más de 5.4 millones de metros cuadrados licenciados para construcción, un volumen que supone un incremento de 122.8 % respecto al mismo período del año anterior. Además, entre enero y julio fueron otorgadas 102 licencias para edificaciones de siete a 15 niveles, casi el triple de las concedidas durante 2025.
El crecimiento no ocurre únicamente en las grandes torres. El sector privado incorpora cada año miles de nuevas edificaciones residenciales y comerciales y, en períodos recientes, se han registrado más de 9,400 obras privadas. El país ya cuenta con un parque habitacional considerable: el X Censo Nacional de Población y Vivienda registró 3,694,060 viviendas particulares, de las cuales 2,442,901 son casas independientes y 681,247 apartamentos.
Ese volumen de viviendas representa también un desafío cuando se observa desde la perspectiva de la seguridad ante terremotos. La preocupación no está únicamente en las edificaciones nuevas, sino en el conjunto de construcciones que se han levantado y continúan levantándose en un territorio donde las condiciones del suelo no son iguales en todas las zonas.
De León ha señalado que la presencia de suelos blandos es común en distintos puntos del país, entre ellos sectores de Santo Domingo Norte, Santo Domingo Este y el valle del Cibao. En estas áreas se incluyen municipios como Villa Mella, Los Alcarrizos, Santiago, La Vega, Bonao, Moca, Salcedo, San Francisco de Macorís y Valverde, entre otros.
En este escenario, la revisión de las condiciones del terreno adquiere un papel que puede resultar determinante. Un suelo con determinadas características puede modificar la manera en que una estructura recibe las ondas sísmicas, por lo que conocer esa respuesta antes de levantar una edificación permite incorporar el comportamiento del terreno al diseño.
República Dominicana cuenta desde 2011 con el Reglamento para el Análisis y Diseño Sísmico de Estructuras (R-001), que establece la clasificación del territorio de acuerdo con sus niveles de sismicidad. Sin embargo, especialistas han planteado la necesidad de fortalecer la normativa mediante herramientas como la microzonificación sísmica, que permitiría identificar con mayor precisión las características de los terrenos y su comportamiento ante un terremoto.
La discusión ocurre, además, en un país que no solo construye más, sino que construye cada vez más en vertical. Allí donde antes predominaban viviendas de pocos niveles, hoy aparecen proyectos de mayor altura, mientras la demanda habitacional y el desarrollo urbano continúan modificando el paisaje de ciudades como Santo Domingo y Santiago.
Pero el problema no termina en las edificaciones que cuentan con proyectos, permisos y supervisión técnica. El presidente de la Confederación Dominicana de Micro, Pequeñas y Medianas Empresas de la Construcción (Copymecon), Eliseo Christopher, ha advertido sobre la existencia de miles de construcciones informales en zonas urbanas, cuya falta de control técnico representa una preocupación adicional frente a un terremoto de gran magnitud.
Así, el crecimiento de las construcciones plantea una doble realidad: hay más viviendas, más apartamentos y más edificaciones en altura, pero también una necesidad mayor de conocer las condiciones bajo las cuales están siendo levantadas y, especialmente, cómo podrían responder cuando el suelo deje de estar quieto.
“Los terremotos no matan; lo que mata son las estructuras”
Para Luis Abbott, especialista en consultoría estructural y profesor del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), el verdadero desafío no es el terremoto en sí, sino la capacidad de las edificaciones para soportarlo.
“Los terremotos no matan; lo que mata son las estructuras”, expresó, al insistir en que las futuras construcciones deben diseñarse para resistir fuertes movimientos sísmicos sin colapsar.
“Tenemos que hacer estructuras capaces de soportar terremotos fuertes sin colapsar, salvando vidas; que sean verdaderos refugios”, añadió.
Como ejemplo, comparó los terremotos ocurridos en Haití y Chile en 2010. Recordó que el sismo de Haití, de magnitud 7.0, dejó más de 300 mil fallecidos y destruyó gran parte de la infraestructura del país, mientras que semanas después Chile enfrentó un terremoto de magnitud 8.8 que liberó decenas de veces más energía, pero registró una cantidad significativamente menor de víctimas gracias a la calidad de sus construcciones y al cumplimiento de normas de ingeniería sismorresistente.
“La inversión en seguridad vale la pena. En Haití no era solamente un problema del suelo; era un problema de ingeniería. Las estructuras eran frágiles y altamente vulnerables”, indicó.
Pide mayor fiscalización de las obras
Aunque destacó que República Dominicana cuenta con un código sísmico actualizado tras el terremoto de Haití y puesto en vigencia en 2011, consideró que el principal reto sigue siendo garantizar que las edificaciones se construyan conforme a los diseños aprobados.
“Al final una licencia de construcción es un pedazo de papel. Lo importante es fiscalizar las obras”, afirmó.
En ese sentido, recomendó fortalecer la supervisión de los proyectos privados mediante ingenieros certificados que actúen como representantes del Estado durante el proceso constructivo.
“El Gobierno tiene que promover ingenieros que puedan supervisar las obras privadas, porque no puede estar presente en todo el territorio. Esa debe ser una de las principales metas, lograr que las estructuras se construyan tal y como fueron diseñadas y aprobadas”, concluyó.
Fuente: Panorama
