Por: Dulcenis Trinidad | Miembro del Comité Central FP
Santo Domingo Este algo no encaja.
Mientras la Alcaldía presume indicadores cumplidos, certificaciones, premios y reconocimientos, basta salir a las calles a los barrios, a las avenidas secundarias, a los parques para notar que esa narrativa no se refleja en la vida real del municipio.
Se habla de crecimiento, de avances, de gestión moderna.
Pero el municipio que viven sus habitantes no luce moderno, ni organizado, ni en transformación visible. Luce deteriorado, descuidado y, en muchos casos, abandonado. Y ahí está el verdadero problema, la desconexión total entre la gestión que se vende y la ciudad que se vive.
INDICADORES QUE BRILLAN, MUNICIPIO QUE NO
Es innegable que la Alcaldía de Santo Domingo Este ha logrado posicionarse bien en evaluaciones institucionales. Rankings como el SISMAP Municipal, proyectos de certificación de calidad y reconocimientos por cultura, deporte y gerencia pública son presentados como prueba de una gestión exitosa.
En los papeles, los números lucen bien.
En los discursos, todo parece avanzar.
Pero una pregunta sencilla desmonta esa narrativa, ¿dónde se ven esos logros en el día a día del ciudadano común?
Porque los indicadores no tapan los hoyos en las calles.
Los premios no reparan filtrantes colapsados.
Las certificaciones no devuelven el mantenimiento a parques y espacios públicos.
UNA CIUDAD QUE SE DETERIORA A LA VISTA DE TODOS
Santo Domingo Este arrastra problemas estructurales que siguen sin resolverse:
• Calles principales y secundarias deterioradas, con baches, mal drenaje y falta de mantenimiento continuo.
• Calles de barrios donde el asfalto es inexistente o está completamente destruido.
• Filtrantes obstruidos, que provocan inundaciones cada vez que llueve.
• Parques y áreas recreativas sin mantenimiento constante, con mobiliario dañado y abandono progresivo.
• Espacios públicos ocupados permanentemente por contenedores de basura que, en la práctica, funcionan como vertederos “legales” improvisados, afectando la salubridad, la imagen urbana y la calidad de vida.
Esto no es una percepción aislada.
Es una realidad repetida en distintos sectores, documentada constantemente por ciudadanos en redes sociales y conversaciones comunitarias.
CUANDO NI LA CASA PROPIA ESTÁ EN ORDEN
Hay un símbolo imposible de ignorar,el propio edificio de la alcaldía presenta problemas estructurales y de funcionamiento.
Si la sede del gobierno municipal donde se toman decisiones y se atiende al ciudadano muestra deterioro, fallas y precariedad, la señal es clara, la gestión parece más enfocada en anunciar logros que en sostener lo básico.
MUCHA IMAGEN, POCA TRANSFORMACIÓN
Hoy la gestión municipal parece priorizar una estrategia mediática, redes sociales activas, eventos, reconocimientos, notas de prensa y cifras llamativas.Pero la ciudad no se gobierna desde las redes.Se gobierna desde el mantenimiento constante, la planificación seria y la solución de problemas cotidianos.
Cuando la imagen va por un lado y la realidad por otro, lo que queda es propaganda, no gestión.
EL SHOW COMO SÍNTOMA DE LA FALTA DE SISTEMA
Un municipio no se gobierna a las 2:00 de la mañana para la cámara. Se gobierna con planificación, cronogramas, equipos técnicos, presupuesto bien ejecutado y mantenimiento constante.
Cuando un alcalde tiene que presentarse como obrero, plomero o técnico improvisado, lo que queda en evidencia no es eficiencia, sino la ausencia de un sistema que funcione sin necesidad de espectáculo.
Si los filtrantes funcionaran, no habría que destaparlos frente a una cámara.
Si las calles se mantuvieran, no habría que “resolver” hoyos como actos heroicos.
Y si la gestión fuera estructural, no dependería del contenido viral para demostrar que se trabaja.
PRESUPUESTO PARTICIPATIVO: BUENA IDEA, RESULTADOS QUE NO SE VEN
El presupuesto participativo y la integración de juntas de vecinos son, en teoría, herramientas positivas. La participación comunitaria es necesaria y saludable.
El problema es que los resultados concretos no se ven en proporción al discurso. Las comunidades participan, proponen y se involucran, pero luego no observan cambios reales y sostenidos en sus entornos. Eso genera frustración, desconfianza y la sensación de que la participación termina siendo más simbólica que efectiva.
Eso no es gestión moderna.
Eso es marketing político sustituyendo a la institucionalidad.
Hoy, Santo Domingo Este no refleja en su territorio todo lo que se dice que se ha logrado en los informes. Y mientras esa brecha entre el discurso y la realidad siga creciendo, los indicadores seguirán siendo números bonitos y el municipio seguirá esperando resultados reales. Porque al final, la ciudad no se evalúa en rankings.